El Payaso Alegre
¡Hola a todos!
Hoy escribo estas líneas con una alegría muy especial. Mi relato «El payaso alegre» ha sido seleccionado para formar parte del número 14 de la revista Cuentística, que acaba de salir a la luz en su plataforma web.
Antes de nada, quiero expresar mi más sincero agradecimiento al equipo de la revista Cuentística por apostar por mi relato y seleccionar mi texto para esta edición, así como por el impecable trabajo que realizan difundiendo la narrativa breve. Asimismo, quiero enviar mi más afectuosa felicitación al resto de autores y autoras seleccionados para este número: es un verdadero orgullo y un honor compartir espacio con firmas de tanto talento.
Para cualquiera que escriba, ver un texto publicado en una revista que cuida tanto cada número es motivo de celebración, pero este relato en particular ocupa un lugar entrañable en mi corazón. Habla de carpas de circo, de pelucas de colores y de música alegre, pero sobre todo habla de las luces y sombras que habitan detrás del escenario cuando los focos se apagan.
¿De qué trata «El payaso alegre»?
La historia nos traslada a la infancia de Matilda, una niña de diez años fascinada por la magia de los Payasos Alegres: Milo (Emilio), alto, elegante y paciente, y Kiko, bajo, rechoncho, con su alborotada peluca naranja y el don de convertir cualquier desastre en fiesta.
Sin embargo, tras un tiempo sin verlos, el circo regresa a su pueblo y Matilda descubre con desasosiego que en el cartel promocional solo aparece Milo. Sobre la pista, el artista actúa en solitario.
A través de la sensibilidad infantil, de un sueño revelador entre estrellas y de un dibujo cargado de significado, Matilda intentará recordarle al viejo payaso que la risa y la magia que compartieron no han desaparecido: simplemente estaban esperando a que alguien volviera a encenderlas.
Un fragmento del relato:
> «—Porque el circo es lo único que he conocido. Pero cada noche, cuando suena la música, espero oír sus pasos detrás de mí... y el silencio me recuerda que ya no vendrá.
> —No sé cómo hacer reír cuando la mitad de mi alma ya no está conmigo.»
Siempre me ha fascinado la figura del payaso clásico. Detrás del maquillaje blanco y la nariz roja hay un compromiso conmovedor con la alegría ajena, incluso cuando la vida personal se llena de sombras.
Con «El payaso alegre» quise explorar cómo afrontamos la pérdida de las personas con las que hemos compartido nuestro camino y nuestra pasión. La muerte puede separar los cuerpos, pero la amistad y los recuerdos permanecen vivos mientras seamos capaces de pronunciar sus nombres con una sonrisa.
Os invito a leer «El payaso alegre» y a descubrir el fantástico trabajo del resto de compañeros en este número 14 de la revista Cuentística.
Me encantará saber qué os ha parecido la historia de Milo, Kiko y Matilda. ¡Espero vuestros comentarios!
Un abrazo,
Eihir
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